# En opinión: ¡Quítate tu!

> Obvio que lo que hasta ahora hemos llamado oposición puede ganar las elecciones presidenciales sí y solo sí se presentan unidos -candidato único y plan nacional único- pero por lo visto en escena (no sabemos que se oculta tras las tramoyas) esa unidad no es posible. Y no es posible porque la oposión escogió el peor

Por Ylich Carvajal · 20 de febrero de 2018 · Opinión

Obvio que lo que hasta ahora hemos llamado oposición puede ganar las elecciones presidenciales sí y solo sí se presentan unidos -candidato único y plan nacional único- pero por lo visto en escena (no sabemos que se oculta tras las tramoyas) esa unidad no es posible. Y no es posible porque la oposión escogió el peor momento para verse las diferencias, las fealdades y los defectos al punto de que la unidad significaría la ruina de unos sobre la sobrevivencia de los otros.¡A ver! Si la tesis de participar en las elecciones finalmente triunfa los que llaman a la abstención se verán amenazados porque un eventual triunfo electoral de la oposición sería su ruina, pero otra derrota ante el chavismo aniquilaría a sus adversarios en ese pandemonium que llaman oposición. Si la tesis de abstenerse termina por imponerse pues los factores de oposición que han participado en el diálogo y son partidarios de ir a las elecciones caerían por lo que en los deportes de combate llaman muerte súbita y con ellos la oposición toda porque abstenerse es simplemente un suicidio antipolítico.Por eso, por esa polaridad que se ha trasladado a la oposión, con posturas antagónicas, excluyentes, se han colocado en una situación en la que perder es sobrevivir.La oposición que opera desde Miami, Bogotá y Madrid, que no padece la crisis económica, que alienta el éxodo, no quiere elecciones porque si llegaran a ganar estarían obligados a volver al país o callarse la boca. Perderían, además, el negocio de ser «oposición en el exilio» y que por lo mucho que alardean es un melón tierno.Para esa oposición, que cuenta con un poderoso aparato comunicacional, sería la ruina que la oposión participara en las elecciones y ganara, pero si deja de participar para no ser acoquinado por sus «compañeros» y dar muestras de «unidad» se volverá fantasma y de esos que ya ni asustan.Ni Hamlet. Verdadero dilema en el que se haya la oposición. Desde 2014, cuando un factor le impuso a otros La Salida, los radicales, que tienen poder mediatico y económico, le han impuesto su agenda y su discurso tautológico a la oposición considerada moderada o que por lo menos públicamente dice que cree en medidas democráticas.Esta oposición le teme más a esa otra oposición que al mismo gobierno y por lo que se ve en redes sociales y por radio y televisión tienen razones de sobra para temerle.Son sus rehenes, rehenes de un discurso y de unas posturas que quieren pasar por radicales y en verdad son banales porque nada han logrado ni lograrán pues se basan en un determinismo que sólo puede verse a sí mismo. Para colmo, los rehenes han desarrollado el síndrome de Estocolmo, entre otras cosas, porque también dependen de los dólares que sus «captores» manejan.Para esa oposición, si quiere «una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra» debe deslindarse de sus «secuestradores» y participar en las elecciones porque aún perdiendo seguirán con vida y con posibilidades de hacer política en un país que reclama a gritos una oposición que lo entienda, que lo interprete acertadamente, una especie de Hernán Gamboa de la política que pueda puntear y rasgar el cuatro sin importar el joropo que venga ¿Será pedir demasiado?El absurdo, el no presentarse a las elecciones, es entregar definitivamente la jefatura de la oposición a quienes como Antonio Ledezma se fueron del país bajo el ardid de que desde afuera puede hacer más que preso en Venezuela. Pero se refería a los negocios y no a la política. Ve a ver vos lo que hacéis pero políticamente es tiempo de que la oposición que no está pensando en Maiquetía diga «esta boca es mía».

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/En-opinion-Quitate-tu-20180220-0024.html
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