# El Bosco, enigmático legado para la humanidad

> Aunque el Museo del Prado en Madrid es la morada de la obra de pintores como Goya, Velásquez, El Greco y Rubens, entre innumerables piezas del arte europeo de grandes creadores de todas las edades, las piezasde . A diario, desde la apertura hasta el cierre, nunca cabe un alfiler en la exclusiva sala dedicada al

Por Robert Arapé / panored@panodi.com · 8 de septiembre de 2016 · Mundo

![El Bosco, enigmático legado para la humanidad](https://panorama.onl/app/uploads/4641337d1d1df1e2.jpg)

**Aunque el Museo del Prado en Madrid es la morada de la obra de pintores como Goya, Velásquez, El Greco y Rubens, entre innumerables piezas del arte europeo de grandes creadores de todas las edades, las piezasde****.** A diario, desde la apertura hasta el cierre, nunca cabe un alfiler en la exclusiva sala dedicada al pintor holandés; los visitantes (críticos, coleccionistas, académicos, noveles artistas, público en general, venidos de los cinco continentes) aguardan hasta una hora para contemplar unos minutos ****, una pieza que, abriendo el telón de una imaginación más allá de todo límite, seduce al espectador con los símbolos de los conceptos cristianos representados en escenas oníricas, pintadas con una suavidad casi edénica.

**“Ahora que se conmemora en V centenario del fallecimiento de El Bosco, y el museo ha dedicado una galería más amplia con obras provenientes de otras colecciones,** las entradas permanecen agotadas, superando el promedio de dos millones y medio de visitantes anuales; legado de la humanidad, es una colección cuyo valor resulta inestimable en metálico”, expresa en comunicación institucional **Pilar Silva,** experta en pintura flamenca y comisaria de la exhibición que fue inaugurada por los actuales reyes españoles. 

**Como sus obras, El Bosco es un enigma.** Aunque se tiene certeza de su sepelio el 9 de agosto de 1516, tras morir en una epidemia de cólera, a los 66 años aproximadamente, se estima que nació hacia 1450, sin conocerse aún el mes ni el día, en la localidad holandesa de s-Hertogenbosch, capital del ducado de Brabante; bautizado como Jheronimus van Aken, vinculó su nombre artístico a la localidad de su taller de pintores, un negocio heredado del padre. 

 

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**Autorías en duda Nunca firmó una pintura; solo a través de los contratos de sus prestigiosos clientes se ha autenticado una treintena de piezas y, hecho los análisis del estilo pictórico**, se han descartado las innumerables falsificaciones e imitaciones que su impacto originó en el mercado artístico. “Debido al misterio propio de lafigura de El Bosco, todavía se duda de la autoría de muchas de las obras atribuidas al creador de la, una obra que ha enfrentado a autoridades artísticas españolas con expertos holandeses, propiciando que se amplíen las investigaciones del estilismo pictórico bosquiano”, expone Natividad Pulido, adjunta de comunicaciones de El Prado.

Si bien nunca abandonó s-Hertogenbosch, donde llegó a integrar la cofradía de Nuestra Señora, sus cuadros y sus curiosos trípticos fueron una sensación en las cortes europeas; principalmente, cautivó al rey español Felipe II, considerado el hombre más poderoso de su tiempo y quien, dedicado a ornamentar las alcobas del palacio conocido como Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, considerado desde entonces una de las maravillas del mundo, encargó al holandés una serie de obras como la conocidísima El carro de heno, una alegoría de la fatuidad de las necesidades de la vida en el largo camino rodado por la rueda del destino. 

**“España, la hija del cristianismo que encendió las hogueras de la inquisición, terminó convirtiéndose cuadro a cuadro y tríptico a tríptico en el segundo hogar del artista** y, desde que en 1819 se fundara la institución museística española por excelencia y la colección de los reyes católicos se exhibiera en sus salas, se consagró como la principal morada de la originalidad de uno de los pintores más geniales de la historia de la humanidad”, especifica**María Victoria Chico**, catedrática de historia del arte medieval en la Universidad Complutense de Madrid.  

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Nadie queda indiferente a sus imágenes. Protagonizadas por campesinos, solía representar proverbios del profeta Isaías como: “La carne no es más que la hierba y su gloria es como la flor de los campos”.  Los humildes holandeses comen, se embriagan, ríen, bailan y fornican; pero El Bosco, un católico practicante desde niño, casado y sin hijos, se encargaba de recordar que Dios miraba desde el cielo y escrutaba qué hacían los hombres. Sería un pintor de la tradición católica sin ninguna distinción, pero esas imágenes poseían una atmósfera de sueño que se trastoca en pesadilla; innumerables detalles de seres fantásticos pueblan las praderas como el bestiario de un paraíso donde se ha alterado la biología original; contraste entre santos y pecadores, la ignorancia humana está unida a la sabiduría celestial. “El inconsciente, ese concepto que constituye la gloria de la sicología del siglo XX y fuente del surrealismo, había sido de revelado desde entonces”, concluye la crítica Silvia González Cerredelo.

 

**Un miniaturista  La imaginación de El Bosco, durante los albores del Renacimiento, permanecía sumida en la penumbra de la Edad Media; muchos críticos consideran que era un extraordinario miniaturista**, esos artesanos que se encargaban de ilustrar los libros de las Sagradas Escrituras y que, tras la llegada de la imprenta se hicieron innecesarias, pero que el artista convirtió en óleos memorables.

Atraído por el drama espiritual marcado en la cara del artista, el grabador Conelis Cort realizó el único retrato del pintor en vida, colgado en el taller del genio, cerca del mercado de s-Hertogenbosch, hoy una ciudad ecológica, deslumbrante por sus edificios de espejos, donde El Bosco no tiene un museo sino el simple homenaje de dicho grabado, en cuya inscripción se lee: “¿Qué ven, Jerhonimus Bosch, tus ojos atónitos? ¿Por qué esa palidez en el rostro? ¿Acaso has visto aparecer ante ti los fantasmas de Lemuria o los espectros voladores de Érebo? Se diría que para ti se han abierto las puertas del avaro Plutón y las moradas del Tártaro, viendo como tu diestra mano ha podido pintar tan bien todos los secretos del Averno”.

Y, en vez pintarse en una escena que exaltase su fe, **El Bosco pintó su propio rostro en el célebre hombre-árbol, la representación del demonio en el juicio final, y quien avanza hacia la oscuridad donde todo arde por designio del Altísimo, mientras voltea un instante para observar a los ojos de los espectadores de su sala en el Museo del Prado de Madrid.**

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**Fuente:** https://panorama.onl/mundo/el-bosco-enigmatico-legado-para-la-humanidad-20160809-0023.html
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