# Camilo José Cela, eterno de cien años

> Aún la estentórea voz de Camilo José Cela retumba en la memoria de los españoles que le sobrevivieron. Se le escucha leer aquellos primeros versos de 1945, en lo que aparece “Pisando la dudosa luz del día”, aquellos “Poemas de una adolescencia cruel” en los que ya demuestra un desbordante talento para la escritura como

Por Alexis Blanco · 5 de octubre de 2016 · Experiencia Panorama

![Camilo José Cela, eterno de cien años](https://panorama.onl/app/uploads/f9540d8390b84bd9.jpg)

Aún la estentórea voz de Camilo José Cela retumba en la memoria de los españoles que le sobrevivieron. Se le escucha leer aquellos primeros versos de 1945, en lo que aparece “Pisando la dudosa luz del día”, aquellos “Poemas de una adolescencia cruel” en los que ya demuestra un desbordante talento para la escritura como oficio.

 

Cela cumple mañana cien años. Una vida revulsiva cargada de testimonios y vivencias, novelista por excelencia de la postguerra, esa conflagración que sumió a España en la ignominia y cuya huella aún martilla con clavos de dolor la conciencia hispana. Un ávido cronista proyectado en la literatura, la política, siempre asumiendo un rol de prestidigitador testimoniante de su época. 

 

En 1955 el general Marcos Pérez Jiménez lo trajo al país para que configurara una suerte de épica criolla. Cela, viajero infatigable, asimiló la gesta como propia. Sus palabras resuenan: “Pienso que, si en un plazo de 10 años, lográsemos tener esa panorámica literaria de nuestro —¿por qué va ser más de usted que mío?— complejo y apasionante país, Venezuela se encontraría a la cabeza de todos los temarios novelísticos de cualquier escritor europeo”.

El escritor venezolano Gustavo Guerrero aprovecha el episodio histórico-literario para apuntalar una demoledora visión de Cela y sus pasiones político-escriturales. De tal suerte, “como en un vivo fresco histórico, se anuda así, alrededor del affaire de La catira, una intrincada trama de intereses en la que se confunden la ambición personal de un joven y destacado escritor, los sueños de los inmigrantes económicos españoles que se instalan por miles en Venezuela, la propaganda de una dictadura, los objetivos internacionales de otra, la resistencia de los intelectuales venezolanos y el exilio republicano contra el autoritarismo.”. Invalorable.

En la misma línea, Manuel Felipe Sierra interviene: “Cela regresa en 1955 para presentar ‘La Catira’. La reacción en los medios intelectuales y periodísticos, pese a la férrea censura vigente, es claramente negativa. Si bien se valora su solvencia narrativa, resultaba claro que era una novela escrita por compromiso y que procuraba dos finalidades: contraponerse a la visión galleguiana del llano y contribuir a la propaganda del perezjimenismo. Con el tiempo se supo que Cela cobró tres millones de pesetas, una verdadera fortuna para la época, lo que hizo que su hijo, Camilo José Cela Conde, reconociera en una biografía: “Venezuela supuso para mi padre encontrar su Dorado personal”. 

Para Cela la aventura americana no pasó de ser un “pecadillo”, como cuando lo acusaron de delator de republicanos y hasta de censor del franquismo.

Gallego zamarro, Camilo José de Cela y Trulock, oriundo de Padrón, La Coruña (11 de mayo de 1916) nació para escribir. Su obra extensa, como novelista, periodista, ensayista, editor, conferencista, amén de su rol, durante 45 años,  como miembro de número en la Real Academia, refrendan su legado, coronado, además de con el Nobel, con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 1987 y el Cervantes, en 1995.

Desde uno de sus biógrafos, Francisco García Marquina, estampamos este retrato: “…Tenía grandes dotes de actor, entre ellas una voz poderosa, una excepcional capacidad paródica, sabia dosificación de la expectativa y la sorpresa, empatía con el auditorio y un gran sentido del espectáculo…”. También destaca que Cela siempre se mantuvo independiente y a contrapelo de muchas tendencias aun reconociendo una “grave falta de interés por la aventura intelectual”.

Mantuvo sus ideas políticas derechistas, y el hecho de haber combatido y trabajado a favor del campo nacionalista, le granjearon la enemistad del establishment literario “progresista” y la de los gobiernos socialistas de la época. A ello contestaba Cela con su humor dedicando algunos de sus libros “A mis enemigos que tanto me han ayudado en mi carrera”. Esos mismos enemigos lo siquitrillan: “Considerado como “gran farsante”, por la constante antinomia que mantuvo durante su vida entre lo que decía y lo que hacía, Cela propició una especie de relaciones públicas al revés. Era pronto para la imprecación y el exabrupto…”, cuenta otro biógrafo suyo, don Antonio Astorga.

Pero, insistamos en lo que más podría interesarnos de Cela, cuya hora aciaga ocurrió el 11 de mayo de 1916, en Madrid: su condición de “Ghost  writer”, aunque para nada fue un fantasma, sino una revelación del poder por el poder. La escritora y catedrática mexicana Beatriz Gutiérrez apunta, en tal sentido: “En toda la historia, hasta en la Roma Imperial, hubo intelectuales vendidos e intelectuales independientes (…) Hay intelectuales que se identifican más con causas que con partidos y otros que se identifican con las chequeras”. Bien pudo haber sido el caso clave en Cela.

El francés Raymond Aron lo sentenció en su célebre ensayo al respecto, acerca de El opio de los intelectuales. El pensador francés disecciona el comportamiento de los intelectuales de su generación que, arrastrados por el dogmatismo, por la fe ciega en una ideología, por la incapacidad de ejercer el pensamiento crítico y libre, acabaron siendo peones de ideologías opresoras en nombre de oscuros ideales “revolucionarios”.

Un poco contradictorio, si leemos este fragmento de su discurso de aceptación del Nobel: “Sabemos que pensamos y pensamos porque somos libres. En realidad es un pez que se muerde la cola, o mejor dicho, un pez ansioso por atrapar su propia cola, el que liga la relación entre pensamiento y libertad; porque ser libre es tanto una consecuencia inmediata como una condición esencial del pensamiento (…) Pero en el pensamiento cabe el reino del disparate al lado mismo del imperio de la lógica, porque el hombre no tan solo es capaz de pensar el sentido de lo real y lo posible.

La mente es capaz de romper en mil pedazos sus propias maquinaciones y recomponer luego una imagen aberrante por lo distinta. Pueden así añadirse a las interpretaciones racionales del mundo sujetas a los sucesos empíricos cuantas alternativas acudan al antojo de aquel que piensa, por encima de todo, bajo la premisa de la libertad. El pensamiento libre, en este significado restringido que se opone al mundo empírico, tiene su traducción en la fábula. Y la capacidad de fabular aparecería, pues, como un tercer compañero capaz de añadirse en la condición humana al pensamiento y la libertad, gracias a esa pirueta que concede carácter de verdad a lo que, hasta la presencia de la fábula, ni siquiera fue simple mentira”.

Catorce novelas de largo aliento, donde destacan La familia de Pascual Duarte y La Colmena condensan un vastísimo legado.  Ahora  tributamos un pequeño homenaje al  centenario maestro escritor, con sus propio legado, al recibir el Cervantes. ¿Qué escritor grande no es, por naturaleza, polémico?: “No puedo arrepentirme de haber visto pasar la vida entera con la pluma en la mano, yo ya no puedo dar marcha atrás por haberme pasado la vida escribiendo, tampoco quiero ni debo hacerlo y proclamo mi lealtad a mi oficio. Me reconforta pensar que la palabra tiene su mejor premio en sí misma, y doy gracias a Dios, también a los hombres, por no haberme querido mudo ni muerto”.

Aquí una entrevista con el escritor (Audio de la entrevista al escritor español Camilo José Cela en el programa «A Fondo» de Televisión Española allá por los años 70):

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**Fuente:** https://panorama.onl/experienciapanorama/camilo-jose-cela-eterno-de-cien-anos-20160510-0116.html
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