# Bruce Springsteen cuenta su periplo

> La noticia del Nobel de Literatura para su mentor, Bob Dylan, enmarca de manera estratégica el lanzamiento del libro Born to run (Nacido para correr), un compendio de hechos, anécdotas y relatos acerca de la compleja vida de Bruce Springteen (Nueva Jersey, 23-09-1949),  una estrella de la música contemporánea quien hace honor a su apodo,

Por Alexis Blanco · 11 de septiembre de 2016 · Experiencia Panorama

La noticia del Nobel de Literatura para su mentor, Bob Dylan, enmarca de manera estratégica el lanzamiento del libro Born to run (Nacido para correr), un compendio de hechos, anécdotas y relatos acerca de la compleja vida de Bruce Springteen (Nueva Jersey, 23-09-1949),  una estrella de la música contemporánea quien hace honor a su apodo, “El Jefe”, cada vez que increpa desde los escenarios un tema político. Él mismo admite la poderosa influencia que sobre su arte ha ejercido su compatriota Dylan, al punto de referirlo como su “ídolo e inspiración”.

Pero  Springsteen también guarda lo suyo, una trayectoria de cuatro décadas en las que ha tenido que lidiar con sus relámpagos y sus propias tinieblas.  Buena parte de todo ese lapso lo ha desgastado en una cruenta lucha contra el mal de su tiempo, la depresión, enfermedad que lo ha instalado decenas de veces en divanes y consultorios, sin mayor éxito que lo alcanzado con una terapia auténtica resultado de la asunción de sus mismos rasgos: humor irreverente, cáustico, con esa tendencia “dylaniana”. 

Se sabe gurú de sus fans y, en consecuencia, expande sus retos. Alguna vez, Springteen confesó ante algún periodista su perplejidad al leer “Carta al padre”, del  escritor checo Franz Kafka, donde obtuvo  ciertas claves que le permitieron avizorar mejor las consecuencias de la terrible relación de amor y odio con su padre, Douglas Frederick Springteen, chofer de autobús de origen europeo, unido con Adele Ann Zirilli, una secretaria de ascendencia italiana. Ambos tendrán mucho que ver con esa naturaleza contrastante del artista que ellos bautizaron como Bruce Frederick Joseph. “Fue una relación muy complicada y tormentosa que me ha perseguido toda la vida”.      La risa entona muchos de los discursos públicos del autor de “Nacido en USA”, una canción emblemática de la cultura norteamericana de finales del siglo XX. Cuando presentó su libro destapó esa lata de cerveza que pareciese anidar siempre en su garganta y, en el auditorio, mientras leía, su mente acompañó la visualización de los créditos iniciales de aquella serie de TV, “Los Soprano”, ambientada en esos parajes de Nueva Jersey, donde transcurrió su infancia. Ríe y suspira el Bruce, cuando narra cuando su madre le pedía que fuese hasta el bar y solicitar a su padre que retornara a  casa. Ese niño de siete que entonces (cuenta ante las cámaras) sufre las felonías y abusos de un hombre jodido por el alcohol, la depresión, el desamor y el desarraigo.

Ese “personaje de (Charles) Bukowski)”, revela, mientras el compás admite una escala de valores subvertida que trastocará para siempre el sentido de percepción de la vida por parte del intérprete, el hombre que se cuenta a sí mismo con una cierta amargura que para nada refleja el eventual envanecimiento que causaría a un ser humano el haber tenido tan atronador éxito profesional:  64,5 millones de álbumes en los Estados Unidos y más de 120 millones a nivel mundial, y un total de diez discos números uno, además de un Premio Oscar (por “Las calles de Filadelfia”, de 1993), 21 premios Grammy, dos Globos de Oro,, un premio Bfca, un Brit y un Premio Juno.   Depresión, sí, es el fantasma que atormenta a un ídolo de la música rock, sobre quien el poeta David Acosta Cepeda, comenta: “Fue un joven solitario, su madre una mujer humilde y sencilla en un gesto de amor le regalo un amigo, le compro una guitarra, con esa guitarra cautivo los corazones de toda una generación cantando sobre la vida de la clase trabajadora sus sentimientos y sus sueños”. Como se lee, en su canción Danzando en la oscuridad: “Me levanto por la tarde /y no tengo nada que decir. / Vuelvo a casa por la mañana, / me meto en la cama / sintiéndome igual. / Sólo estoy cansado, / cansado y aburrido de mí mismo”.   No parece tan deprimido el Bruce más reciente, quien toma la palabra en una gala benéfica con humoristas clásicos de su país y hace reír al auditorio a carcajada viva, contando un chistecito. Con “Born to run” en la mano izquierda Bruce sorbe otro trago y le cuenta a los periodistas congregados en Londres para el lanzamiento ad hoc, y entonces le cuenta, a Mariana Saúl, de  El Clarín, un asunto mucho más serio: “Bueno, en primer lugar, no hay nadie aplaudiendo cuando terminas de escribir un libro. Yo lo escribí a lo largo de siete años, y después pasó un tiempo hasta que salió publicado. Para mí es un poco como hacer todo el proceso de escritura y saltearse el recital. Puedes ver cómo reacciona la gente pero no lo tocas en vivo, lo cual es raro porque para mí ese es el clímax, cuando finalmente salgo al escenario y toco lo que escribí antes. Esa parte un poco la extraño”.

“17.000 fucking times”, retorna a su humores que, cuando le inquieren en torno al previsto éxito del libro de marras. Ese es el número de veces que, las lleva contaditas, ha autografiado el libro. Ello le permite el placer de mirar a los ojos a cada uno de esos fanáticos suyos que, en cada concierto, se transforman en un enjambre desaforado que él, con su voz y su guitarra, instiga y maneja a su antojo. Corean sus canciones como rabiosos militantes que sienten como consignas personales cada uno de esos testimonios vertidos en música dura y pura. Dinamita gutural que revienta las barreras de la conformidad y el miedo. Tal es su terapia  antidepresiva. Hay, según se vislumbra, mucho Bruce Springteen que disfrutar, en esos ritos colectivos donde el sistema cae, una y otra vez, mientras la maquinita de hacer dólares crece y crece, en orden directamente proporcional al vigoroso clamor “antiestablishment” del roquero. El tema político o electoral en su país concentra parte sustancial de sus últimas declaraciones. Como las que ofrece a propósito del candidato republicano, Donald Trump: “Es muy peligroso lo que está pasando en Estados Unidos y da miedo. Ahora que parece que va a perder, da la impresión de que quiere llevarse puesto el proceso democrático entero. Pero el mío es un país que siempre rebota y sale a la superficie”. Palabra de “Jefe” a jefe. La periodista Saúl aprovecha la lucidez de su entrevistado:  “Las cosas de las que está hecha la religión son las mismas que habitaron mi música cuando me puse a escribir. Salvación, redención, perdición… Para mí no hay nada abstracto en el paraíso, el infierno o el diablo; son tan concretos como tus vecinos. Así que sí, ¡yo creo que mis canciones son canciones católicas!”. Una religión distinta, diríamos, donde Bruce es el “santo grial sonoro”, según derivamos de este hombre que tiene un tic al parpadear que le valió el apodo de “Parpadeo” (“Blinky”). El especialista en blues, el maestro Gabriel Torres Ferrari, eleva unas líneas de consideración para el gurú del negocio del rock: “Es un duro en una industria dura. Impuso su estilo en una década de retroceso musical como lo fueron los 80's (habrá quien me replique) sin abandonar la esencia del rock and roll. Mis respetos”.   Magdalena Trejo, trovadora de las calles de Nueva York, expone sus coincidencias con respecto a su “héroe nacional americano: “En la Ruta 9, ese surco que rasga el alma de New Jersey, él encontraba temas para narrar en sus letras y de esa interacción entre la ciudad y los suburbios, desplegó una mirada muy profunda al sentimiento de los norteamericanos de su generación: “Soñaba con una vida en la que de hecho se pudiese vivir”, ha contado en el libro, su biblia de vida.

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**Fuente:** https://panorama.onl/experienciapanorama/bruce-springsteen-cuenta-su-periplo-20161109-0121.html
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