# Sean Penn: Políticamente incorrecto

> El actor Sean Penn comprendió hace buen tiempo que su trayectoria interpretativa jamás le permitirá ascender, tal como él mismo desea hacerlo, al Olimpo de los inmortales de Hollywood y que solo a partir de su visión política  podría alcanzar algún paralelo con las luminarias de la irreverencia y la confrontación con el “establishment” estadounidense,

Por Alexis Blanco · 17 de agosto de 2015 · Espectáculos

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El actor Sean Penn comprendió hace buen tiempo que su trayectoria interpretativa jamás le permitirá ascender, tal como él mismo desea hacerlo, al Olimpo de los inmortales de Hollywood y que solo a partir de su visión política  podría alcanzar algún paralelo con las luminarias de la irreverencia y la confrontación con el “establishment” estadounidense, verbo y gracia, los Marlon Brando, James Dean o Jack Nicholson. También asimiló que la vía expedita que brindan los escándalos sentimentales, desde una turbulenta relación con Madonna hasta la poco idílica ruptura reciente con la hermosísima Charlize Theron, tampoco le conducirán a hitos soberbios, como, por ejemplo, algún escaño en el Congreso o el liderazgo  de algún movimiento social influyente. El hijo de los también actores, Leo Penn y Eyleen Ryan, protagonista de muy buenas películas, como 21 gramos o Mi nombre es Sam, descubrió que su militancia política de izquierda bien podría trillar una senda libre para sus expectativas como un verdadero creador, fuera de serie y con iniciativas personales de influencia prominente dentro del contexto contemporáneo. Sus relaciones personales con prominentes líderes políticos mundiales, particularmente antagónicos con los intereses estadounidenses, le han conferido un cariz de artista diferente, cuestionador a ultranza de los intereses de su país y con un perfil desafiante. Su amistad y manifiesta admiración por  Fidel Castro y Hugo Chávez son históricas. El 18 de octubre de 2002, el periódico  Washington Post publicó una carta abierta del protagonista de Milk y Río Místico (que le valieron los sendos Oscar que ha ganado hasta ahora) al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, instándolo a desistir del ataque y de la guerra contra Irak. 

El actor, quien en 1991 debutó como director con la película The Indian Runner, pagó 56.000 dólares al rotativo para ubicar su carta a lo largo de una página. En ella, acusó al entonces presidente Bush de tener “una simplista y radical concepción del bien y el mal”. Y clamó al mandatario que no destruyera “las vidas de decenas de miles de hombres, mujeres y niños inocentes con el pretexto de buscar y eliminar armas de destrucción masiva en Irak (armas de las cuales, a la postre, jamás se probó su existencia).

“Si tenemos algo original que ofrecer, es hablar de nuestra propia vida de la sociedad en la que estamos metidos”, preconiza el ganador de un Globo de Oro y el Premio del Sindicato de Actores. En agosto del 2007 volvió a escribir una carta abierta a Bush,  la cual fue leída por Chávez en cadena nacional de TV.   Un zarpazo contundente abogando por el fin de la Guerra de Irak (que duró de marzo del 2003 a diciembre del 2011). Reiteraba su sentencia a Bush y añadía que su vicepresidente, Dick Cheney, así como la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, eran “gente obscenamente villana y criminal”. Sin medias tintas.

Y sus dedos hurgaban en llagas profundas e irreversibles, cuando señaló que, en Estados Unidos, es evidente que las políticas de la extrema derecha son las que favorecen únicamente a los ricos y que conllevan a la exclusión de la clase media y de los pobres. “Ninguna sociedad tienen un futuro con las bases de las políticas de le extrema derecha (estadounidense)”, dijo con voz de aguijón. Luego, en “Conan”, Penn cargó de nuevo contra expresidente de EE UU., George W. Bush, y su mano derecha, el exvicepresidente Dick Cheney, a quienes señaló como responsables del surgimiento del grupo terrorista Estado Islámico (Isis), y se sorprendió por el hecho de que Cheney, de salud maltrecha, todavía siguiera vivo gracias a “tecnología biónica”. Penn sabe cómo se arenga. 

La presencia de Penn durante las exequias de su Hugo Chávez, en marzo de 2013, refrendó un lazo de mutuo afecto: “Venezuela y su revolución perdurarán bajo el probado liderazgo del vicepresidente Nicolás Maduro. Hoy Estados Unidos ha perdido un amigo que nunca supo como tal. Y los pobres del mundo han perdido a un campeón. Yo perdí un amigo que tuve la bendición de conocer”, dijo,  con lágrimas azules.

El protagonista de “Milk” (2008) también  ha manifestado su admiración por el líder de la revolución cubana. En febrero de 2012, durante una visita a Venezuela, el ex de Robin Wright, madre de sus niños, expuso: “Quisiera compartir con ustedes una anécdota. Tuve el privilegio de presentarle a mis hijos al comandante Fidel Castro y cuando él se tomó la foto parado en medio de ellos, le dije: ‘Presidente, a mí en Estados Unidos me van a atacar por estar educando a mis hijos como socialistas revolucionarios…”.  El me respondió: Fíjate, pero esta es quizás la segunda mejor cosa que podrías hacer, porque lo mejor sería educarlos con la bata blanca de un médico”.

El actor, quien en 1981, con 20 años se mudó a Nueva York y debutó en el off   Broadway con Heartland, ha contribuido, desde 1998, con  11.400 dólares a los candidatos demócratas. Desde entonces, con mayor o menor perfil, tales aportes, aunados a sus certeros testimonios públicos, construyen esa imagen de artista políticamente “incorrecto”, que construye como vértice de sus ideales militantes,

“En efecto —opinó— los Estados Unidos tienen una historia llena de esplendor, de hecho son aún en la actualidad una superpotencia militar devastadora; y teniendo en cuenta que en ausencia de un Congreso competente o valiente y de ciudadanos dispuestos a manifestarse, todo ese poder se encuentra en sus manos; son ustedes los que le han dado un uso inadecuado y se han convertido así en el enemigo más devastador de nuestro país y de nuestra constitución (…) Ustedes han destrozado nuestro país y nuestros corazones. La sangre que se derrama innecesariamente por su culpa y, por consiguiente, también por la nuestra, ahoga la libertad, la seguridad y el sueño que pudo haber representado, después de recuperarse de la tragedia del 11 de septiembre de 2001 y de haber sido despertado por esta…”.

Y proseguía con su mazazo crítico y antibélico: “Pero ahora se nos pide que autocensuremos cualquier palabra que pudiera considerarse incendiaria, si es que creemos que esta guerra debe terminar hoy. Nos atemorizamos cuando ustedes nos señalan con el dedo y nos dicen que apoyemos a nuestras tropas.  Bueno, ustedes y los expertos aduladores que están de su lado, aquellos que les apañan sus crímenes y errores, pueden tomar sus argumentos y metérselos donde mejor les quepan. No nos vamos a dejar engañar nuevamente… El veredicto está claro. Ustedes mintieron, fueron cómplices y explotaron a sus propios compatriotas, y más que todo, a nuestras tropas…”. 

Y, finalmente, increpó: “¿Dónde está la justicia ahora? Unámonos no solo para detener esta guerra ahora si no también para que este gobierno rinda cuentas. Sin un juicio político la justicia no prevalecerá, ni en nuestro tiempo ni en el de nuestros hijos…”. La acción Penn no cesa. Su trabajo reviste un carisma sensible. Pen brilló con su ayuda humanitaria en las secuelas del huracán Katrina en 2005 y el terremoto de Haití de 2010.  Más allá de las palabras, los hechos respaldan sus actuaciones fílmicas y, sin lugar a dudas, el nicho que ocupará Sean Penn en la inmortalidad albergará espacio para ponderar su conciencia ética y estética. Lo demás está en esa leyenda suya, como cuando recitó los versos del poeta venezolano  Eugenio Montejo en 21 gramos.

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**Fuente:** https://panorama.onl/espectaculos/sean-penn-politicamente-incorrecto-20150817-0042.html
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