# La trova de Gustavo Colina sigue apostando por la transformación

> Sentado en el antiguo malecón de Maracaibo,   Gustavo Colina contempla el atardecer y, rasgando con regodeo su cajita de música, recuerda el famoso cuarteto de Tomas Stearns Eliot: “Porque uno ha aprendido a prevalecer sobre las palabras  solo para aquello que uno ya no tiene que decir, o el modo como uno ya

Por Alexis Blanco / panored@panodi.com · 22 de junio de 2015 · Espectáculos

![La trova de Gustavo Colina sigue apostando por la transformación](https://panorama.onl/app/uploads/1e13d75fc367896f-1.jpg)

Sentado en el antiguo malecón de Maracaibo,   **Gustavo Colina** contempla el atardecer y, rasgando con regodeo su cajita de música, recuerda el famoso cuarteto de Tomas Stearns Eliot: “Porque uno ha aprendido a prevalecer sobre las palabras  solo para aquello que uno ya no tiene que decir, o el modo como uno ya no está dispuesto a decirlo”.

Entonces ha partido una piragua hacia el Sur del Lago, la última tal vez, asunto que ha obligado al músico, junto con su hermano, Israel, a componer una canción hermosa, a modo de despedida. Con ello comienza un pequeño viaje por la vida de un creador que, tras su salida como director del gabinete zuliano de cultura, emprendió un largo vuelo.

Viaje hacia el interior de sí mismo: “Mi génesis está en el Ateneo de Punto Fijo, en el evento Jóvenes Cuatristas de Paraguaná, en 1986. Salimos a Caracas para grabar esta joya de la música, la cual me sigue enorgulleciendo; une trabajo hermoso: **Esas voces, esos cuatros, esa alegría desbordada. Ahora sueño con un reencuentro, es necesario…”.**

Y la mirada de Gustavo se funde en lontananza: “Esa etapa de la vida está llena de flores y soles, agradezco a Guillermo de León Calles, Felipe Amaya, Emiro Querales, Otilio Rojas, al “profesor Padilla” y a todo ese ateneo que llevo en el corazón, esa sonoridad vital que el tiempo no corrompe, ni se pierde en otros recuerdos, no está traspapelado, está dentro, muy dentro. y sin querer está sonando mi primer amor con el cuatro de Pío Alvarado y ese violín de Pablo Canela… Papá (Israel Colina) y mamá (Betty Vargas) se encargaron de inculcarme venezolanidad…”.

**Con María Dolores (Lola) Delgado fundó una familia con dos niños, Manuel y Luna. Ella dibuja su amor: “Niño cam bur pin tón, Península hecha carajito…** Muchacho bañado del sol y la arena de mar de Paraguaná… ha pasado mucho tiempo desde que rompías los cuatricos del camino para llenarte del olor de su alma de madera… Niño cam bur pin tón que sonreís evocando las tardes de panes dulces y frescolita sentado en pandilla oyendo los cuentos increíbles del abuelo Chindo… Niño chiquito y despierto que desafiaste altivo la frustración de aquel día en el que alguien preguntó: “¿Quién sabe tocar el cuatro?”… y tus manos, que sin saber ya sabían, se llenaron de impotencia por no poder rasgar sobre el instrumento lo que ya conocía el corazón… y entonces empezó el tiempo de la búsqueda  urgida  de convertir los dedos en mariposas besuconas de las cuatro cuerdas para comprender para siempre que esa sería tu mejor forma de decir y de amar…”. 

En marzo pasado, Colina terminó sus funciones en el gabinete (“era un deber”) y viajó a Europa. Su revisión del asunto es contundente: “Solo fluí, solo escuche, solo inventé, solo me hice de amigos y develé enemigos, están allí vistiendo de rojo, cavando fosas con silencios negros y mojados, solo sé que mueren todos los días al levantarse y mirarse en el espejo…”.

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Etapa superada, concluye el artífice del cuatro. Ahora concentra su atención en un proyecto que tomará los patios de casas importantes, públicas y de particulares, para continuar ese trabajo de fusión que signa su vida. En medio de todo, internet deviene en su confesionario:**“He decidido hacer pública mi situación de vida, el asunto ha venido, de alguna forma, envolviendo todos mis actos, no puedo sacármelo, ni de la cabeza ni del cuerpo, algunos se han acercado a compartir esta realidad y lo agradezco… Estoy desde hace unos años con un dolor de espalda tan arreeechooo que no me deja vivir…”.**

“Eso no le impide seguir trabajando, con el corazón entre las manos”, acota Aurelio Peña, guitarrista que le acompaña, cada tarde, en “La panadería de la esquina”, ubicada en la plaza Baralt, en pleno corazón de Maracaibo.

La periodista Marlene Nava narra una “petición de patio”: “Llegó de repente, acompañado de Aurelio, el abuelo cantor. Y Gustavo Colina nos regaló una tarde de maravillosa serenata que culminó con la danza zuliana Luisa, mandolina y guitarra al ristre. Las estudiantes que nos acompañaban y que habían llegado en busca de datos para sus trabajos de historias de Santa Lucía, formaron parte de esta tertulia espontánea que se armó con su presencia, sin más pretensiones que hermanarse de algún modo con la gente a su paso. Así, humano y poético, es el proyecto de Gustavo, un peregrinaje de patio en patio, de puerta en puerta, de covacha en covacha, de pueblo en pueblo, llevando la poesía de su música y su presencia. Libre, sin soportes ajenos al propio quehacer creador, como nace el arte. Sin ataduras que lo empañen. **De nuestra sala a otra ventana, a otra calle, a otra gente hasta que se termine el día. Gracias”.**

Por treinta países ha paseado su arte musical este artista falcón-zuliano. Desde el mítico Carnegie Hall, en Estados Unidos, pasando por España, Brasil o Suramérica, en cada “patio” **habrá siempre un lugar para entonar “La cabra mocha” y proseguir sus andanzas de Quijote con cuerdas en ristre.** En el camino desarrolla una pasión alterna: el dibujo, que practica con una devoción mística. Su hermano Israel planea ahora hacerle una exposición con lujo de detalle.

**Otra de sus pasiones:** La ciudad. Recién instiga a la comuna: “Poetas, músicos, actores, pintores, ciudadanía en general, **es el momento de salir a lavarle la cara a Maracaibo**, esto se pone cada vez más feo y ante la inexistencia de autoridades expresamos nuestra más enérgica protesta empuñando pinceles, bolígrafos, cuerdas, canciones; por favor firmar abajo y le ponemos fecha ya para empezar con lo que tengamos a mano, es necesaria la participación de arquitectos, ingenieros, lo demás saldrá de la misma ciudadanía. Se ama lo que hacemos nuestro. **Firme abajo”.**

Los amigos conducen siempre a un vasto concierto “de patio”, donde florecen las ideas de Juan de Dios Martínez acerca del sancocho como poética del quehacer colectivo: “**¿Dónde andas?** Voy a echar el almuercito, un par de arepas de maíz tierno, chicharrón con pelo yaracuyano, doce palomitas y una palangana e chicha, de postre: leche cortada y limonsón o sea “chocho e´ vaca” y una taza e café negro con dos cubos de panela, luego escucharé a Vivaldi y leeré a Baudelaire…”. El arte es doméstico.

Bajo un seudónimo, Otto Amarello, el cuatrista alumbra al poeta: “Cuando el espejo ya no refleja, refracta / Los dos seremos juntos en un cofre o caja de nácar / Un sueño timbrado en el puerto regresando siempre / Lloviendo siempre / Anocheciendo siempre / Como los adoquines de un patio medieval / Espera siempre que por lo menos una noticia por dura que sea llegará de mi corazón a tus venas amarillas/”. **La mirada sigue distante mientras el cuatro va sonando.**

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**Fuente:** https://panorama.onl/espectaculos/la-trova-de-gustavo-colina-sigue-apostando-por-la-transformacion-20150619-0102.html
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