# Vea las dos últimas entrevistas que PANORAMA le hizo a Pedro Gamarro en Machiques

> A continuación le presentamos dos de las entrevistas que PANORAMA le realizara al expúgil en su casa de Machiques con ocasión de celebrarse los 36 y 40 años de haber ganado la medalla de plata que, para muchos entendidos, debió ser la de oro.   Entrevista realizada en julio de 2012   “EL TREN” QUIERE

Por Luis Bravo · 5 de julio de 2019 · Deportes

![Vea las dos últimas entrevistas que PANORAMA le hizo a Pedro Gamarro en Machiques](https://panorama.onl/app/uploads/16c1b81f3133166a.jpg)

A continuación le presentamos dos de las entrevistas que PANORAMA le realizara al expúgil en su casa de Machiques con ocasión de celebrarse los 36 y 40 años de haber ganado la medalla de plata que, para muchos entendidos, debió ser la de oro.

 

**Entrevista realizada en julio de 2012**

 

“EL TREN” QUIERE SEGUIR LA MARCHA

Muy pocos, de las nuevas generaciones, conocen o recuerdan a Pedro Gamarro en la tierra que lo vio nacer. Para llegar a su casa, en el sector La Sabana, de Machiques, hay que preguntarle a los adultos mayores por la dirección. Algunos buscan en la memoria para recordar el lugar, otros se emocionan al instante para explicar donde queda.Un cada vez más reducido número de venezolanos sabe que, ese callado y humilde perijanero, que debió dejar los estudios a los 13 años y vender arepas para ayudar al sostén de su hogar, escribió de su puño, una de las páginas más gloriosas del boxeo criollo.Este 31 de julio se cumplirán 36 años de aquella gesta protagonizada por “El Tren” de Machiques, que marcó un hito en la historia del deporte nacional al darle al país la segunda medalla de boxeo en unos juegos olímpicos, en la división welter (66 kilos).Era el segundo zuliano, y cuarto venezolano, en subir al podio de una olimpiada después que Asnoldo Devonish lo hiciera en 1952 (atletismo), Enrico Forcella en 1960 (tiro) y Francisco “Morochito” Rodríguez en 1968 (boxeo).El tiempo, y, sobre todo, el menguado respaldo oficial a esta figura, han eclipsado la presencia de su gloria en la memoria del colectivo regional y nacional.“Hace mucho tiempo que no venía un periodista por aquí”, dijo luego de abrir la puerta de su modesta casa, único bien material que le debe al boxeo.Introvertido, de pocas palabras, costó crear la atmósfera para que fluyera de sus palabras ese torrente anecdotario que cuentan sus 57 años de edad, 44 de los cuales ha dedicado al boxeo fajándose a puño limpio primero, y después como entrenador, único oficio que sabe hacer en su vida.La comunicadora Milagros Socorro, quien lo conoció en el gimnasio Alfredo Monch, de Machiques, donde Pedro entrenaban bajo la tutela de Víctor Patiño, dice en su blog Te tengo un cuento, lo siguiente:“(…) era un muchachito tan taciturno que hoy lo hubieran diagnosticado de unos cuantos males de atención, lenguaje y aprendizaje. Pero era muy constante, no faltaba un día al gimnasio y tenía una tremenda pegada. ‘Yo no esperaba que me hablara —me dijo el profesor Patiño, en entrevista en Maracaibo—, pero sí que me aguantara los golpes cuando yo guanteaba con él’. Y en eso era tremendo. Era un flaquito taciturno, con unas condiciones físicas extraordinarias y una capacidad de recuperación francamente excepcional (…)”.Para colgarse la medalla Gamarro tuvo primero, que ganarse el cupo en la selección. “No me costó mucho porque yo entrenaba duro. Estaba bien preparado y ganaba cuanta pelea se me presentara. Siempre iba pa’ lante como un tren”, y trae a colación el apodo que le colocara el narrador deportivo Miguel Thodeé.En 1973 se dio a conocer a nivel nacional al ganar su primer pleito en Lara. Edecio Escobar, técnico de la selección nacional, le “puso el ojo” y lo convocó a la concentración que realizaron en Caracas, en enero de 1974.Edgar Zabala, periodista y recopilador deportivo del Zulia, relata que a partir de entonces Pedro comenzó a arrasar. “Pegaba bien duro con su recto de derecha y llegó a ser campeón nacional en las cinco categorías en las cuales incursionó ”, asevera.En la capital, su procedencia, causó ciertas burlas de parte del equipo y hasta le vaticinaron que allí sólo iba a trabajar de sparring.“Yo me sentí mal —confiesa Gamarro— y le dije al profesor Edecio que regresaría a Maracaibo, pero él me convenció para que siguiera entrenando. La estadía era mala. Dormíamos en colchonetas, con mucho calor y zancudos”.En febrero de ese mismo año se colgó la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se celebraron en República Dominicana, en la división welter júnior (63 kilos), y de un golpe había asegurado el cupo en la selección nacional.En 1975, una lesión en la mano derecha, lo dejó con bronce en los Panamericanos de México. Después de su recuperación siguió a todo tren ganando importantes compromisos internacionales, que lo colocaron a las puertas de los Juegos Olímpicos de Canadá 1976, en la división welter.“En esos juegos gané las cinco peleas que hice. Dos por nocaut y tres por decisión. En la final, cuando llegué a mi esquina luego del último round, el profesor me dijo ‘tranquilo que ganamos’. Yo estaba seguro y confiado en que ese sería el resultado de los jueces”, relata.La decisión, que daba ganador a su rival, el alemán Jochen Bachfeld, cayó como un balde de agua fría para todos los que vieron el combate. “Yo no lo podía creer —asegura Gamarro—. El público tampoco y hubo protestas y pitas, que pararon las otras peleas como por dos horas”.Sin embargo, para Venezuela, esa plata pesó como el oro y el taciturno y callado machiquense tuvo recibimiento con honores de héroe nacional.Hoy, a más de tres décadas de ese glorioso día, está agradecido de la vida por la familia que ha levantado y, del boxeo, por el techo para sus hijos.Su proeza, de haberse valorado en su justa dimensión por las autoridades del país, le hubiese valido para llevar una vida más holgada.“El Irdez (Instituto Regional de Deportes del Zulia) me sacó de nómina como entrenador hace dos años. En vez de aumentarme el sueldo o la pensión asignada por la Gobernación, me dejaron sin trabajo”, exclama Pedro.“Yo entrené a los campeones Edixon “Guapito” Torres, Lorenzo Parra y Alexis “Erguito” Díaz. También a Edward Bermúdez y a muchos otros que han brillado dentro y fuera del país”, afirma.Ironicamente, el gimnasio Alfredo Monch, donde nació su fama y moldea a sus pupilos, está cayéndose.“Yo quiero seguir enseñando a boxear, pero en estas condiciones no se puede hacer mucho. Lo único que le pido al Gobernador (Pablo Pérez), es que me traigan un ring desmontable porque el que tenemos ya no da para más”.De esta manera, enseñando su arte, “El Tren” quiere seguir la marcha.

 

 

 

 

**Entrevista realizada en julio de 2016**

 

Una medalla que vale oro  

Aquel 31 de julio de 1976 el jurado decidió que el ganador del combate era el alemán Jochen Bachfeld por votación 3-2, pero el público vio triunfar a Pedro Gamarro y se volcó sobre él con aplausos y abrazos al final del careo y durante la premiación cuando le colgaron aquella medalla de plata que todavía, tras 40 años, tiene el grato sabor del oro. Era la pelea por el metal dorado, peso welter (67 kilogramos), del boxeo de los Juegos Olímpicos de Montreal, Canadá, y el zuliano había logrado escalar a esa instancia sacando del camino a los grandes favoritos.A cuatro décadas de aquella gesta, el “Tren de Machiques”, como le bautizó el periodista Miguel Thodeé, confiesa que llegó al certamen animado con la presencia de Numan Peña, un ganadero amigo, que dejó el trabajo abandonado y faltó a la feria ganadera de Machiques por acompañarlo en el viaje.Luego del sorteo, Peña, que también le apoyaba en el estudio de los contrincantes, explicó las características de los rivales que enfrentaría Gamarro.“Ajá profesor ¿contra quién voy en la primera pelea?”, le preguntó Pedro.“Vas contra un yugoslavo, campeón europeo”, le responde el amigo.“Y si le gano a ese, ¿contra quién pelearé en el segundo combate?, repregunta Gamarro.“Si le ganas enfrentarás al campeón mundial y olímpico Emilio Correa, de Cuba”, le responde Numan.Y vuelve a preguntar Pedro: “Y si le gano ¿contra quién voy en la tercera?” a lo que le contestó Peña: “Bueno vas contra el campeón panamericano y sub campeón mundial, Clinton Jackson, de los Estados Unidos”.“Bueno pa’ que voy a preguntar más si el que viene cada vez es mejor”, fue la reflexión de Gamarro tras conocer el calibre de cada uno de los rivales que le esperaban.“Va a ser difícil que yo pase del primer combate”, se dijo.Pero no se amilanó y con gallardía, las palabras de aliento de su amigo Numan y la asesoría del equipo técnico afrontó el reto y superó todos los escollos, que lo llevaron a la gran final.“No te preocupéis que a ese le ganamos”, repite Pedro que le decía su amigo cada vez que subía al ring. “A ninguno le vio posibilidades conmigo y yo me lo creía. Eso fue vital”, sostiene.En tres peleas obtuvo igual número de victorias que le aseguraron la medalla de bronce. “La más difícil fue contra el yugoslavo. Ese hombre pegaba muy duro y gracias a Dios no me dio en partes nobles. Cuando me llevaron al cuarto tenía ‘boliches’ en la cabeza y mucho dolor”, recuerda.En el segundo combate noqueó al cubano, que se presentaba como el más difícil de todos. Al tercero no le dio opciones y se mantuvo encima todo el tiempo cerrándole el paso. Ganó por decisión dividida 3-2 y quedó listo para ir por la medalla de plata.“Esa pelea fue contra un europeo y quedé muy mal por un choque que tuvimos comenzando el combate. No se cómo sucedió, pero me ‘traqueó’ el antebrazo derecho y en cada asalto llegaba llorando del dolor a la esquina, pero con todo eso logré noquearlo y aseguré plata”, cuenta Gamarro.Tras esa puja, a raíz de la lesión en el brazo, su equipo le pidió que no fuera al siguiente careo por la medalla de oro. “ya tienes la de plata, quédate tranquilo que puedes terminar peor”, le decían.“En la noche probé el brazo, me dolía, pero decidí que iba a pelear así. Por eso no fui tan seguro a ese combate. Si no hubiese peleado lesionado yo noqueo a ese alemán, pero tuve que cuidarme de mi lesión”, dice.A pesar de todo se fajó a todo “tren”, siempre para delante, y “cuando terminamos me dicen en la esquina que habíamos ganado. Yo también lo sentí así”, recuerda.La decisión fue a favor del alemán, pero en el corazón del público Pedro era el campeón. Al llegar a Maracaibo fue recibido como todo un héroe y una comitiva oficial lo escoltó desde el aeropuerto llevando en su cuello aquella medalla que emitía destellos plateados, pero que tenía para él, el valor del oro.

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**Fuente:** https://panorama.onl/deportes/vea-las-dos-ultimas-entrevistas-que-panorama-le-hizo-a-pedro-gamarro-en-machiques-20190705-1548.html
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