# Reportaje. Río Nilo, la mayor polémica fluvial de África

> Antonio Paneque Brizuela/ Especial Prensa Latina El río Nilo, metáfora de exotismo fluvial para artistas y poetas, deviene conflicto entre gobernantes y países que se disputan sus aguas desde hace siglos, aunque sus diferencias navegan ahora sobre las del futuro mayor embalse africano. La Gran Presa Renacimiento de Etiopía (GPRE) clasifica como principal litigio sobre

Por Panorama · 28 de marzo de 2016 · Curiosidades

**Antonio Paneque Brizuela/ Especial Prensa Latina**

El río Nilo, metáfora de exotismo fluvial para artistas y poetas, deviene conflicto entre gobernantes y países que se disputan sus aguas desde hace siglos, aunque sus diferencias navegan ahora sobre las del futuro mayor embalse africano.

La Gran Presa Renacimiento de Etiopía (GPRE) clasifica como principal litigio sobre el segundo cauce del orbe (seis mil 756 kilómetros, 24 menos que el americano Amazonas), que represará 74 mil millones de metros cúbicos y alimentará la segunda mayor hidroeléctrica mundial, después de la china de las Tres Gargantas.

Pero nadie desconoce que la posible escalada del diferendo, surgida desde antes de emprenderse en 2011 su construcción (para concluirla en 2017), tiene una larga historia de contradicciones entre Estados beneficiarios del Nilo como Etiopía, Egipto y Sudán, incluso con antecedentes militares nada halagüeños.

La nueva disputa sobre ese río de mitos, leyendas, faraones y vida cultural, social y vial para varios Estados, que mantuvo su ausencia de acuerdos y su tono pacífico durante intensas negociaciones tripartitas en el pasado 2015, es casi tan vieja como la del río más largo del continente.

Curiosamente, las primeras polémicas históricas sobre el mayor proveedor hídrico africano no fueron sobre el reparto de sus aguas, sino sobre el lugar exacto de su nacimiento o sobre quién fue el primer explorador que avistó su corriente. Aunque durante siglos también los científicos sostuvieron que su origen era etíope, exploradores británicos comenzaron en 1850 sus pesquisas sobre el embrión del río.

Griegos y romanos remontaron en la antigüedad el curso del Nilo (del árabe «Nil» y este del griego «Neilos») en busca del controvertido nacimiento, pero solo pudieron avanzar hasta el lugar en que se unen en Jartum el Nilo Blanco y el Nilo Azul. El británico John Hanning Speke llegó hasta el lago Victoria en 1858, mientras su compatriota Samuel White Baker divisó el Alberto en 1864, pero la mayor parte de la zona no fue cartografiada hasta 1864.

Tres exploradores de Gran Bretaña y Nueva Zelanda, liderados por Neil McGrigor, reclamaron en marzo de 2006 haber sido los primeros en viajar por el río desde una nueva fuente en la selva tropical de Nyungwe, en Ruanda, hasta el afamado Delta del Nilo. Algunos argumentos sobre si es justo o no que Etiopía construya la presa tienen su base en una confusión, pues aunque El Cairo y Jartum sí saben muy bien la verdad, muchos piensan que el Nilo nace en territorio etíope.

Y lo peor es que les asiste cierta razón: el río tiene lo que podríamos llamar «dos nacimientos»: el del Nilo Blanco y el del Nilo Azul.

El Blanco es el curso principal del río, mientras que el Azul es la parte etíope de ese origen y surge del lago Tana, espejo de agua de 84 kilómetros de largo y 66 de ancho beneficiado por manantiales, fuentes subterráneas y más de un centenar de ríos.

El Nilo Blanco o caudal principal se extiende por seis mil 695 kilómetros, si se mide su origen desde el punto más remoto en el río Luvironza, de Burundi, la tesis contemporánea más aceptada y en la que más coinciden los científicos.

Pero son tantos los ríos, lagos, ojos de agua visibles y subterráneos y otras fuentes, que cada nuevo hallazgo geográfico conduce más a la vieja teoría de que el Nilo se origina en diversas partes y no en ninguna en particular.

Esa última teoría se remonta a los tiempos del explorador británico Richard Francis Burton, uno de los que primero incursionó e investigó sus bases fluviales: «Estoy convencido que el Nilo nace de muchos lagos, no solo de uno», declaró hace ya siglo y medio el científico.

 

Considerado hasta no hace mucho el río más extenso del planeta, esa filiación también le fue suprimida por estudios entre 2007 y 2008, que redefinieron en un punto del sur el nacimiento del Amazonas y no en el norte como se creía, a partir de lo cual este último fue considerado el más extenso del mundo. Un histórico litigio por el uso de esa fuente hidráulica sostienen Egipto, destino final de su corriente que satisface cerca del 95 de las necesidades acuíferas del país, aún más requeridas por sus escasas lluvias, y Etiopía, que solo emplea el uno o el dos por ciento.

El colosal impacto de Egipto en el devenir humano desde su aparición como Estado, asoció río y país de tal modo que a este último llegó a llamársele «el regalo del Nilo», según el historiador griego Heródoto.

Resulta imposible desvincular la historia egipcia de las aguas potables de esa fuente, así como de su empleo en la navegación, el regadío y el turismo mundial.

Igual que el Tigris y el Éufrates para Oriente Medio y el Indo para La India, el curso bajo del Nilo fue cuna de una de las primeras civilizaciones del mundo.

Beneficiados hace ocho mil años por esas aguas, los egipcios llamaban «tierra roja» al desierto, y «tierra negra» al valle del Nilo, inundado tres meses cada verano y fertilizado por el limo o lodo de sus orillas.

Aquellos pobladores atribuían un origen divino a esas crecidas, provocadas por lluvias estivales en regiones tropicales africanas de donde parte su corriente.

La mayoría de la población de Egipto, todas sus ciudades, excepto las del Delta del Nilo y los oasis, y muchos lugares de interés cultural e histórico, se encuentran a lo largo del valle del Nilo.

Desde la década de los años veinte del pasado siglo, Addis Abeba trató de explotar su franja territorial de aguas del Nilo, pero entre esa época y los 50, distintos tratados internacionales respaldaron a El Cairo en esa disputa.

Etiopía reclama mil 448 kilómetros de río, pero existen demandas de otros países beneficiados por sus aguas como Uganda, Sudán y Kenya, cuyos gobiernos también se quejan por la dominación egipcia sobre ese recurso.

El desaparecido primer ministro etíope Meles Zenawi solía hablar sobre «un mito existente entre los egipcios respecto a que Etiopia los estrangula con el Nilo», pero, aclaraba, «lo que se requiere es desarrollar la confianza entre ambos pueblos». Más de una vez El Cairo amenazó con medidas concretas para evitar que el Nilo fuera represado antes de llegar a su territorio, lo cual se complica en los últimos tiempos con el controvertido proyecto de la GPRE.

Aunque con aires de actualidad, los debates sobre esas discrepancias son históricos en organismos como la Unión Africana y ya en 1959 derivaron en un denominado Acuerdo de Aguas del Nilo. Pero la hostilidad no terminó allí.

Bajo la alegación de «derechos históricos» sobre esa fuente, el depuesto presidente Hosni Mubarak amenazó incluso con prohibirle por la fuerza a Etiopía el uso de esas aguas.

 

Otro expresidente egipcio derrocado, Mohamed Morsi, se opuso a esa obra y reiteró las amenazas contra Addis Abeba: «No podemos tolerar algo que pueda tener un impacto sobre una gota de agua del Nilo», declaró antes de ser depuesto.

Incluso un primer mandatario egipcio solidario y amigo de los africanos y del tercer mundo, Anwar el-Sadat, amenazó en la década de 1970 a Etiopía con bombardear su territorio si desarrollaba esos proyectos hidrológicos.

Las disputas datan del período colonial, pues en 1929 la administración anglo-egipcia firmó un acuerdo con Sudán (enmendado en 1959), que ofrecía a El Cairo la mayor parte de las aguas del Nilo (55,5 mil millones de metros cúbicos) y la segunda parte para Sudán (18,5 mil millones de metros cúbicos): el 87 por ciento del caudal.

Etiopía podía disponer solo del resto, pero entiéndase que él texto se refería al curso central y nadie habló de la parte interior de que exclusivamente dispone Addis Abeba.

Pero lo más controvertido de aquel tratado fue que concedía a Egipto el derecho de veto sobre cualquier proyecto de construcción río arriba. Hace muy poco, El Cairo adoptó un tono más moderado, cuando el actual presidente Abdel Fattah al-Sisi, que derrocó en 2013 a Morsi, firmó con el primer ministro etíope Haile Mariam Desalegne, y su colega sudanés, Omar al-Bashir, una declaración que autoriza la construcción de la presa.

El texto, confirmado en diciembre de 2014 cuando los tres países confiaron a dos empresas francesas estudiar el posible impacto de la represa, precisa que esa anuencia egipcia se mantendrá «siempre y cuando no haya un daño sensible a los países río abajo».

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**Fuente:** https://panorama.onl/curiosidades/reportaje-rio-nilo-la-mayor-polemica-fluvial-de-africa-20160325-0028.html
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