# Reportaje/ Japón, otro año a la caza de ballenas minke

> Richard Ruíz Julién/ Especial Prensa Latina Las voces de protesta de diversas organizaciones pro derecho de los animales se hicieron sentir una vez más cuando esta semana Japón inauguró su temporada de pesca de ballenas con supuestos fines científicos en la costa norte del archipiélago. Y no será hasta octubre que concluya este dolor de cabeza

Por Panorama · 22 de septiembre de 2016 · Curiosidades

**Richard Ruíz Julién/ Especial Prensa Latina**

Las voces de protesta de diversas organizaciones pro derecho de los animales se hicieron sentir una vez más cuando esta semana Japón inauguró su temporada de pesca de ballenas con supuestos fines científicos en la costa norte del archipiélago. Y no será hasta octubre que concluya este dolor de cabeza para los grupos ambientalistas, que lo consideran pesca comercial encubierta, pues la carne de los especímenes capturados y estudiados es posteriormente vendida, alegan. Sin embargo, el Gobierno platea que la caza de ballenas minke (rorcual aliblanco) contribuye a la gestión de los recursos marítimos, a partir del análisis del contenido de los estómagos de los ejemplares capturados.

Por tal razón, este año la flota de pesqueros que zarpó de la localidad de Kushiro, en la isla septentrional de Hokkaido, pretende capturar en el Pacífico norte al menos 51 ballenas de ese tipo, cuota similar a la de 2015, según la Agencia japonesa de Pesca, que defiende los fines científicos del programa. Ya en 1982 la Comisión Ballenera Internacional (CBI) prohibió la captura de ballenas para comerciar su carne, pero mantuvo la práctica para aquellos casos cuya finalidad sea la investigación científica o la subsistencia de la población aborigen.

Algunos países partidarios de la caza controlada de cetáceos para su uso comercial, como Noruega e Islandia, simplemente ignoraron la norma, pero Japón -ante las presiones de Estados Unidos- decidió acogerse a la primera cláusula. Sus programas de investigación, no obstante, son ampliamente cuestionados.

De hecho, una vez llevados a cabo los estudios pertinentes, la carne termina en los mercados y restaurantes del país. La Agencia de Pesca de Japón sostiene que hay ciertos datos que solamente se pueden obtener mediante métodos letales, como la edad de madurez sexual o el análisis de los contenidos estomacales. También defienden que la carne termine vendiéndose porque la CBI establece que, una vez estudiados, los restos de estos cetáceos deben aprovecharse lo máximo posible.

Hay pruebas históricas de que el pueblo japonés ha vivido desde tiempos inmemoriales en estrecha relación con las ballenas. Es el momento de reconocer la importancia de las actividades balleneras en nuestra tradición y cultura culinaria. Los japoneses están y deberían estar orgullosos de esto, aseguran desde la Agencia de Pesca nipona. En marzo de 2014, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que el programa similar que Japón realizaba en la Antártida no era legal, al no ajustarse a los fines científicos establecidos por la CBI.

La entidad obligó a revocar cualquier licencia relacionada con el proyecto, que suponía la captura de unos 950 ejemplares por año. Y aunque la sentencia del tribunal de La Haya no afectaba a su otro programa científico en el Pacífico Norte ni a las capturas comerciales que Japón realiza en sus costas, Tokio decidió reducir el volumen de ejemplares capturados a 333.

Los científicos de la Comisión Ballenera Internacional concluyeron igualmente que la nueva propuesta no demuestra la necesidad de un muestreo letal, pero admitieron no ser capaces de determinar si los métodos no letales pueden ser utilizados para lograr ciertos datos. Como a un clavo ardiendo, Japón se aferró a esta última declaración  para seguir adelante con el programa. Las decisiones de la CBI, además, no son vinculantes.

El país asiático cuenta con una arraigada tradición pesquera y las ballenas se cazan desde hace siglos, pero expediciones de este calibre a la Antártida o al Pacífico norte no son tan antiguas.La industria ballenera se desarrolló sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país estaba prácticamente en ruinas y la comida escaseaba. Tal es así que entre los años 50 y 60 del siglo pasado la carne de ballena era una de las principales fuentes de proteínas para los japoneses. Su consumo, entonces de unas 200 mil toneladas por año, fue aminorando con la recuperación económica y actualmente es muy bajo, de entre cuatro mil y cinco mil toneladas.

La industria se mantiene a flote gracias a los subsidios del Gobierno, de unos 6,1 millones de euros anuales, según un informe del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW). Si es una industria deficitaria, el consumo de carne cae y además afecta negativamente a la imagen internacional de Japón, ¿por qué se sigue haciendo?, es la pregunta recurrente en la mente de la opinión pública. Todo indica que es una cuestión política y de soberanía, de acuerdo con expertos.

Hay un núcleo muy duro de burócratas que tienen un interés político y presupuestario en que continúe la caza de ballenas, explica Patrick Ramage, director del programa de ballenas del IFAW. Trabajan junto a un poderoso grupo de miembros del parlamento japonés que quieren perpetuar esta práctica en nombre de sus representados, agrega el investigador. El mayor ejemplo es el del primer ministro, Shinzo Abe, que empezó su carrera política como diputado electo de la prefectura de Yamaguchi, donde se concentra gran parte de la industria ballenera.

Y más allá de los motivos políticos está, añade Ramage, el orgullo nacional. Los líderes de Japón -como los de la mayoría de los países- no aprecian que los extranjeros les digan lo que tienen que hacer, especialmente en cuanto al principio de acceder sin restricciones a los recursos marinos, algo muy importante en el país por razones geográficas e históricas, considera el estudioso.

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**Fuente:** https://panorama.onl/curiosidades/reportaje-japon-otro-ano-a-la-caza-de-ballenas-minke-20160919-0012.html
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