# Conoce las insólitas historias de los taxistas de Maracaibo

> Dentro de ese vehículo particular, al que llamamos o extendemos la mano para solicitar su servicio privado, hay mucho más que un asiento, un volante y un tabulador. Está ese personaje especial al que habitualmente nos limitamos a decirle chofer. Algunos son callados, otros no paran de hablar, está el “carero” y el que cobra por caridad, quizá

Por Alberto Barboza · 22 de mayo de 2015 · Ciudad

![Conoce las insólitas historias de los taxistas de Maracaibo](https://panorama.onl/app/uploads/ec1965cc53da5fd2-2.jpg)

Dentro de ese vehículo particular, al que llamamos o extendemos la mano para solicitar su servicio privado, hay mucho más que un asiento, un volante y un tabulador. Está ese personaje especial al que habitualmente nos limitamos a decirle chofer. Algunos son callados, otros no paran de hablar, está el “carero” y el que cobra por caridad, quizá uno que aconseja y nunca falta el que atemoriza hasta el final del viaje. A pesar de sus diferencias, todos comparten un repertorio de sorprendentes anécdotas que ni siquiera Ricardo Arjona en su “Historia de taxi” podría contar.

“Ser taxista es un oficio solitario y para valientes, nos desgastamos día y noche entre cuatro puertas que a diario pueden abrir hasta 20 personas que no conocemos”, se sincera el conductor de una reconocida línea en Maracaibo, al que por cuidar su integridad solo se le llamará Alfredo.

**El insólito caso de Alfredo**

“Podría pasar dos días enteros contando”, comenta dejando escapar una sarcástica sonrisa. “Pero recuerdo que hace ocho años aproximadamente me reporté para un servicio cerca de las 12:00 de la noche en un edificio, era una chica joven, muy linda ella, se sentó en el puesto delantero y al preguntar para dónde iba me contestó: para donde tú quieras mi amor”. Alfredo hace una pausa de segundos para recordar en detalle. “Cómprame una cerveza que yo te brindo otra, ¿tú fumas?, me preguntaba para romper el hielo, fue imposible negarse ante una muchacha tan bella (…) No fumo, pero te acepto el trago y yo pongo los cigarros. Estaba muy despechada, su novio la había abandonado por otra mujer. Estuvimos tomando y conversando toda la madrugada mientras dábamos vueltas, nos reímos mucho y cerca de las 5:00 de la mañana me dijo: tranquilo que no perdiste tu noche, quiero hacer el amor. En menos de un minuto estábamos en el asiento trasero”.

Sintiéndose orgulloso de su hazaña, Alfredo confesó que cinco años después, con otro vehículo, dio entrada a una mujer. “Venía con un hombre y una niña que me llamó la atención por llevar el color de mis ojos, verdes claro. Al llegar al destino, en una casa, el señor me indica que espere un momento para entrar a buscar el dinero y completar la tarifa. La mujer se quedó dentro del carro y rápidamente antes de bajarse me dice: el tiempo ya no nos deja ni reconocernos. Por poco me bajo pero mantuve la curiosidad en calma a pesar de que me puse nervioso y arranqué, era ella con mi hija”.

**Cayó en la trampa**

La confianza entre un taxista y el pasajero en numerosas ocasiones y, cuestión de segundos, genera conversaciones privadas que, como le pasó al compañero “Jorge”, le terminó dando la mayor sorpresa de su vida. “Yo estaba transitando por Bella Vista y se reportó un servicio para esa zona, era una señora como de 40 años, iba para Mara Norte por lo que el viaje se hizo más o menos largo. Lo que sí me extrañó es que cuando le dije que eran 350 bolívares no regateó, me dijo no que no había problema. En el camino me pregunta: ¿Señor, si yo le cuento algo usted me guarda el secreto?” (…) 

“¡Cómo no, mi doña!, el que usted quiera. Yo hace unos días, me dice la señora, le fui infiel a mi esposo con un muchacho, él se enteró y ahora no sé qué hacer porque se quiere divorciar. Tras el drama que me soltó yo la aconsejé y para estar en la misma onda le comenté que yo también le había sido infiel a la mía con varias mujeres a las que yo les hacía transporte. La dejo en Mara Norte y a los dos días mi mujer me llama y me dice que tiene que hablar conmigo, que me fuera para la casa. Cuando llego, la encuentro a ella en la sala con esa señora, era una amiga que se prestó para ella saciar su curiosidad y me atraparon. Yo perdí mi matrimonio por eso hace 13 años”.

**La historia del esposo amnésico**

 En ocasiones, el taxista se ve obligado a llevar varias personas en su vehículo, puede ser una familia con varios niños o quizá varios amigos, eso nunca fue un inconveniente para “Carlos” hasta aquella madrugada en la que recogió de una fiesta a dos hombres y una mujer.

“Eso fue una locura, fue el año pasado”, comenta dispuesto a contarlo todo. “Se montó un tipo como de 38 años, estaba bastante tomado, y una mujer algo más joven,  me supuse que eran pareja porque venían de la mano y besándose, y detrás ellos se embarca otro tipo que supuestamente era amigo de ellos”. 

Para el entendimiento de la historia identificamos a esta pareja como “Sofía” y “Manuel”, y su amigo es “Juan”. Continúa su anécdota Carlos: “La pareja viene dándose besos en el asiento trasero pero lo que me despierta la curiosidad es que Juan no se embarca adelante sino atrás con ellos (…) El viaje era largo porque iban de la Calle 72 para San Francisco y, como a las 5 minutos del trayecto, Manuel se queda dormido producto de los tragos. 

Sofía lo acomoda y gracias al maravilloso invento del retrovisor comienzo a ver que Sofía y Juan (el amigo) están besándose también, pero de una manera desesperada, de hecho me golpeaban el asiento y tuve que llamarles la atención (…) Cuando vamos por la Circunvalación 1, Sofía me dice: amigo déjenos en el hotel más cercano y continúa la carrera con mi esposo. Cuando ella menciona la palabra esposo yo quedo atónito, no podía creer tanto descaro. Le advertí los costos por el desvío y Juan intervino para decir: ¡No se preocupe, eso es lo de menos! Y me entregó una paca de billetes de cien, había como 1.500 bolívares”.

Tras dos minutos de pausa, Carlos prosigue: “Los dejé, se bajaron tranquilos como si vinieran ellos dos solos y me indicaron la dirección donde iba a dejar a Manuel además de un número de teléfono. Cualquier cosa nos llama, me dijeron antes de cerrar la puerta, pero gracias a Dios no había pérdida (…) Llego a la casa, despierto al señor, se baja y menos mal que ya me habían pagado porque ni siquiera me preguntó cuánto era, es más, ni siquiera me preguntó por la esposa”.

**¡Cuidado con la serpiente!**

 A pesar de que la mayoría de las historias consultadas a los trabajadores del volante trataban de sexo e infidelidad, lo que contó “Leonardo” se escapa de lo absurdo. 

“Yo tenía dibujada una serpiente en la capota de mi carro, lo hice porque me gustan y porque mi hermano también tenía una en su vehículo. Se notaba muy real porque tenía profundidad y dentro del carro se veía levantada. Una noche en la línea llega una señora y pide el servicio, cuando se monta en el carro que ya estoy arrancando comienza a gritar, abre la puerta y se lanza”. Leonardo se detiene varios segundos porque la risa no lo deja continuar. “Yo me bajo asustado y la ayudo pero me está peleando porque cómo es posible que yo tuviera una serpiente, que eso era peligroso para los pasajeros. Los muchachos asombrados y yo le explicamos que era falsa pero no quería entrar nuevamente, se tuvo que ir con otro compañero y yo tuve que mandar a borrar la serpiente por orden de la línea”.

**Pasajero asustado**

Seguro al estar en un taxi ya habrás escuchado al chofer mencionar en su radio números como “44”, “55 está 66” ó “68”. Se trata de los códigos que cada línea aplica y enseña a sus trabajadores como medida de seguridad en un lenguaje secreto. Los más comunes como 44 (afirmativo) o 55 está 66 (el cliente está apurado) ya son del conocimiento de muchos pasajeros, pero existe uno que el amigo “Diego” no olvida luego de ir a con un cliente en su taxi y escuchar al centralista decir por radio:  “51 con 60” (compañero en emergencia).

“Tengo 21 años en este servicio y creo que es lo más loco que me ha pasado, aunque haya sido mi culpa”, confiesa Diego antes de contar su historia. “Ese código nos paraliza a todos los trabajadores de la línea porque significa que un colega está en un problemas, lo más probable es que esté siendo víctima de un asalto, y todos salimos a socorrerlo”, explica. “Era la 1:00 de la madrugada y busqué a un pasajero por los lados de La Paragua. Desde que me atracaron en mi carro, hace unos 9 años, me acostumbré a tener un arma guardada bajo el asiento (…) Esa noche cuando voy en viaje y recibo la notificación de 51 con 60, el centralista lo dice con desesperación y yo con rabia saco la pistola, la coloco en el tablero y digo: ahora sí se va a prender el verg…”, detalla Diego quien no puede contener la risa tras recordar.

“El cliente, que era un chamo como de 25 años, se tira del carro pero sin decir nada, abrió la puerta y se lanzó a la calle con el carro en un movimiento considerable. Yo frené rápidamente para ayudarlo y él no se podía levantar porque con la caída se fracturó una pierna. Tuvo suerte, o mejor dicho, tuve suerte de que no se matara porque si no, voy preso. El chamo increíblemente no presentó cargos sino que llegamos a un acuerdo con la familia y en la línea hicimos una colecta para los gastos médicos”, finalizó.

**De caballero a loco**

El repertorio acaba con el caso de una mujer, quien luego del acontecimiento que vivió pensó en dedicarse a otra labor. La llamaremos “Andrea”. “Te lo voy a contar con la condición de que no menciones mi nombre por ningún lado”, exigió.  “Hace tres años llevaba yo a un cliente que se reportó y cuando íbamos por la Circunvalación 1 se espichó un caucho de atrás. Cuando estaba solicitando ayuda a los compañeros el tipo me pregunta que si tenía de repuesto, le dije que sí y me dijo bueno vamos a sacarlo que yo lo cambio. Contenta por la cortesía del pasajero le presto todas las herramientas que afortunadamente las tenía y en unos 15 minutos logró cambiarlo”. Andrea hace una pausa y nos tomamos un café para amenizar la charla.

“Muy agradecida, le digo que lo voy a dejar en su destino y que no le voy a cobrar la carrera por haberme ayudado. Para mi sorpresa me pregunta: ¿Y tú crees que eso es suficiente? (…) Yo le repregunto: ¿Por qué, quieres que te pague? Y me dice ¡Sí! Pero no en efectivo. Todavía yo de boba vengo a preguntar ¿Ajá y cómo? Y él, que de pronto me mira como feo, viene y se mira el pantalón (…) ¡Uy!, lo que hago entonces es que me orillo rápidamente en la carretera y me bajo gritando ¡Auxilio, auxilio, este tipo está loco! Él se baja, me dijo como tres groserías y comenzó a correr”. “De broma no lo atropellaron por cruzar la C1 corriendo”, dijo la conductora.  “De verdad que los hombres la caballerosidad la tienen de disfraz”, agregó.

También está el que te cobra diciendo: 200 pa’ vos, y el que se persigna con los billetes tras recibir el dinero. Otro que se indigna cuando no hay sencillo y el que pelea porque te faltan 10 bolívares. El que te averigua la vida y nunca falta aquel que te cobra barato porque “le caíste bien”. En cualquiera de sus facetas, este amigo siempre estará disponible cuando el apuro y el calor nos obliga a decir: “No mijo, vámonos en taxi”.

 

 

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**Fuente:** https://panorama.onl/ciudad/conoce-las-insolitas-historias-de-los-taxistas-de-maracaibo-20150522-0010.html
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