# Testimonios: “En el día tengo solo tres horas de luz”

> Betzaida Prada ya perdió la cuenta de las noches que lleva en vela. Con el rostro demacrado y los ojos enrojecidos, se coloca el uniforme, al revés, para ir a clases en LUZ, donde cursa el posgrado de odontopediatría. Esta vez, tampoco hizo falta la alarma de las 5:00 am, el apagón se encargó de

Por Andrea Salas · 27 de abril de 2018 · Ciudad

Betzaida Prada ya perdió la cuenta de las noches que lleva en vela. Con el rostro demacrado y los ojos enrojecidos, se coloca el uniforme, al revés, para ir a clases en LUZ, donde cursa el posgrado de odontopediatría. Esta vez, tampoco hizo falta la alarma de las 5:00 am, el apagón se encargó de que la puntualidad no faltara. 

“En el día tenemos solo tres horas de luz, lo que equivale a tres horas de agua porque usamos bomba. Ya no compramos comida por el miedo a que se dañe, no me he podido arreglar el cabello en días, la casa está inmunda, el calor no nos deja dormir nada…Es infinita la lista de lo que he dejado de hacer. Me siento paralizada, colapsada y frustrada”, expresa, en medio de un bostezo profundo. Así han estado en la urbanización La Rotaria en las últimas semanas; sin respuesta y a oscuras.

Pero la peor parte para esta joven odontóloga es la peregrinación que debe emprender para cumplir con sus compromisos académicos. Prácticamente, toca de puerta en puerta, a sus amigos y familiares, para encontrar un lugar “iluminado” y con internet, en el que pueda preparar sus seminarios que deben prolongarse por tres horas. 

Dos niños, de 11 meses y 4 años, se le suman a la historia de Fernando Vásquez, habitante del barrio El Mamón, en Maracaibo. Allí también son golpeados por los cortes eléctricos que duran hasta 24 horas. 

Son las 3:00 am y la placa de la vivienda se convirtió en un dormitorio a la intemperie; también en un centro de vigilancia, pues la delincuencia está al acecho. Su esposa y él improvisan un abanico con una carpeta vieja y grapas. Los brazos no dan para más, pero el vaivén del viento no puede detenerse: los zancudos no perdonan. 

El jugo de la niña no se pudo hacer, la carne se dañó, los puntos de venta están colapsados, no hay señal telefónica, el acondicionador de aire y la nevera se dañaron. “Mi hijo tiene ocho días sin ir al colegio. La maestra me dice que se la pasa cabeceando. No quiere  jugar porque tiene sueño”, narra Vásquez. 

Según reportan en redes sociales, en Maracaibo, más de 24 horas sin energía eléctrica han tenido que pasar los vecinos de Los Cortijos, Sabaneta, Las Lomas y Santa Fe 3. Mientras que en sectores como Belloso, La Rinconada, Los Haticos, Cuatricentenario, Curva de Molina, La Macandona, Los Estanques, Lago Azul y Altos 1 sufren más de 12 horas en medio de las penumbras. 

Lo mismo ocurre en Ciudad del Sol, en  San Francisco y en Santa Ana (vía El Soler), donde  suspenden el servicio en tres tandas. “La función comienza alrededor de las 10:00 am, se va la luz dos horas. En la tarde, son cuatro. Y la peor pesadilla es en la noche porque son cinco”, precisó Guillermo Quintero.

Ayer, en entrevista con Globovisión, la diputada de la Asamblea Nacional por el Zulia, Nora Bracho, denunció que los apagones en la región responden a la corrupción en el sistema eléctrico del país. Apuntó que, de acuerdo con la ONG Transparencia Venezuela, “se han robado más de 20 mil millones de dólares”. Criticó la falta de mantenimientos oportunos a las subestaciones  y que el 82% de los empleados eléctricos ha emigrado.  Quizás la porción de la población más vulnerable la representan los enfermos. Eliécer Loor, un paciente renal de 67 años, sale del “congelador” de la sala de hemodiálisis para internarse en el “sauna” de su casa. El malestar, la debilidad y los temblores de su condición se afianzan cuando las tinieblas le cierran paso al descanso. “Todas las noches nos quitan la electricidad de cuatro a cinco horas, eso es adicional a los ‘bajones’ que hay en el día. No tengo más remedio que aguantarme, aunque a veces me siento desvanecido”, dijo.

Las personas que presentan algún tipo de discapacidad, como el Síndrome de Down, no logran adaptarse. Sus rutinas no pueden ser interrumpidas ni cambiadas al ritmo de los apagones. De igual forma, para los pacientes que se encuentran en cama resulta imposible “mudarse” a la sala o al frente de la casa cuando no hay energía.

Otros, aunque gozan de buena salud, rechazan la calamidad eléctrica porque los ha dejado sin trabajo. Maibyn Pirela, residente de San Francisco, es costurera y observa con tristeza la montaña de ropa que le espera por reparar. “Más de ocho horas diarias pasamos sin electricidad. No puedo prender la máquina porque tengo miedo de que por las fluctuaciones se me vaya a dañar. No nos dejan descansar, ni cocinar, ni enviar a los niños al colegio y tampoco trabajar. Estamos sobreviviendo”, reclamó. 

El martes pasado, el ministro para la Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, en declaración conjunta con la Gobernación del Zulia, aseguró  que la situación eléctrica pronto tendrá respuesta. Estimó un plazo de un  mes y medio para solventar la crisis, a través del aumento de la jornada de trabajo, extendiéndola a tres turnos, las 24 horas. Además de la  activacion de las unidades 17 y 14 de la  “Ramón Laguna” y en mayo la TZ5 (Termozulia 5).

Amanece este 27 de abril y buena parte de los zulianos solo cuenta con la luz solar. Los empleados llegan tarde al trabajo, los pequeños cambian las clases por el sueño, las neveras “despiertan” deshieladas y en todos resuena la misma inquietud: ¿cuándo volverá la luz?.

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**Fuente:** https://panorama.onl/ciudad/Testimonios-En-el-dia-tengo-solo-tres-horas-de-luz-20180426-0113.html
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